Museo Reverte Coma

Vida y Obra del Dr. Reverte Coma

Category: Bandoleros y otros criminales españoles (page 1 of 2)

Juan Mingolla Gallardo “Pasos Largos” (1873-1934)

Parecía exterminado el bandolerismo andaluz, cuando surge una “vocación” tardía.

Juan Mingolla Gallardo nace en 1873 en Setenil (Málaga) de una modesta familia de labradores. Hace la campaña de Cuba, cumpliendo el servicio militar. Viene de allí muy enfermo. Se repone y se dedica a andar por los montes de Ronda como cazador furtivo, tomando el apodo de su padre, “Pasos Largos”, por la forma de caminar. Es alto y flaco. Roba en los cortijos, asalta en los caminos.

Un día le denuncia un cortijero a la Guardia Civil que le detienen y dan un tremenda paliza. Jura vengarse y lo hace.

Busca al hijo del denunciante y lo mata de dos balazos en la cabeza rematándole con la hoz que lleva éste “para que no sufra”. Luego va a buscar al padre y con la misma hoz le mata con ensañamiento. Sorprende a dos Civiles, les quita las escopetas y les hace marcharse a Ronda. Por el camino envía a un niño con los fusiles quien se los devuelve de su parte “para que no los castigue su jefe”. Crece su fama.

Un día sorprende a un ricachón y lo lleva a la sierra con él. Le hace enviar por un rescate de 10.000 reales y mientras, se hacen amigos, fuman y comen juntos. El secuestrado le da su reloj y cadena de oro. Los G. Civiles rodean la sierra. Se refugia en una choza de cabreros. Se confía y la mujer le denuncia a los guardias. Rodean la choza, hiere a un guardia, y él escapa malherido, se lanza por un barranco y con dificultad consigue llegar a Ronda donde se refugia en la posada de Sibaja y pide al posadero que avise a la Guardia Civil que quiere entregarse.

Vienen por él, le detienen y entre aclamaciones del pueblo le llevan a la enfermería de la cárcel y le juzgan. Salva la vida pero le ponen cadena perpetua y le envían al penal de Figueras, donde las malas condiciones agravan su tuberculosis. Por su buena conducta y por varios indultos, le ponen en libertad en 1932.

Se va a Ronda, y el mismo que había raptado hacía 20 años le da trabajo como guarda en su finca. A los pocos meses le pide permiso para marcharse. Echa de menos la vida en las serranías y su caza furtiva. Comete varios robos otra vez y se esconde en cuevas. Alguien descubre su escondrijo y le vuelven a denunciar a las autoridades. Le rodean los Guardias Civiles. Se organiza un tiroteo, y recibe dos balazos, uno en el vientre y otro en el pecho, ambos mortales.

Así, en la Cueva del Parmito, en la Sierra Blanquilla, siempre nevada, quedó tendido para siempre “Pasos Largos” el último bandido andaluz.

Pancha Ancha

En elaboración.

Luis Candelas

Uno de los más famosos bandidos de todos los tiempos fué Luis Candelas. Aún se canta en coplas su vida y milagros y hasta hay restaurantes que llevan su nombre. Nació un día de marzo de 1806 en la calle del Calvario en pleno corazón del Barrio de Lavapiés, el más castizo de todo Madrid. Tuvo fama esta calle que va desde la calle de Jesús y María a la del Olivar porque allí terminaba el Calvario o Vía Crucis que el propio San Francisco de Asís fundador del Convento de su nombre hizo construir, señalando los lugares donde debían ir las cruces de madera (más tarde se hicieron de piedra de Colmenar) a partir del convento. De San Francisco salía los viernes de Cuaresma la Hermandad de la Vera Cruz a recorrer la Vía Sacra y en la madrugada del Viernes Santo acudían los disciplinantes con túnicas cenicientas, descalzos, arrastrando cadenas y grandes cruces. El campo del Calvario estaba bendito y muchas personas enterraban allí sus cadáveres. También eran sepultados los reos condenados a ser lapidados o descuartizados. Pues allí nació Candelas.

El padre tenía una carpintería y era muy considerado por todo el barrio como “buena gente” y un gran profesional. Luis fue el tercero de los hijos del matrimonio. Cuentan las crónicas que la comadrona que ayudó a la madre a traerlo a este mundo observó que en la parte inferior de la lengua tenía una marca extraña. Una especie de aspa diminuta de color y aspecto anacarado. Se cuenta que Napoleón tenía una marca similar. Otros nacen con unas cruz de Caravaca en el paladar lo que se interpreta como que van a ser curanderos o brujos. Entre los indígenas de América o de Africa, más primitivos, se le da mucha importancia a estos signos porque anuncian que quien los lleva va a ser un gran chamán, brujo o lider de la tribu. En la Edad Media, en tiempos de la Inquisición se buscaba en las supuestas brujas y brujos el “signum diavoli”, señal evidente de su futura profesión. Luis Candelas nacía con el “signum diavoli” y posiblemente la comadrona que también debía tener sus visos brujeriles, debió de pensar que aquel niño estaba predestinado a realizar “grandes hazañas”, aunque no de qué clase.

Mientras sus hermanos eran tranquilos y apacibles, cosa rara en la infancia, Luis, “el hijo del carpintero” como le llamaban, fue tempranamente díscolo, rebelde y alborotador. Se negó en redondo a aprender el oficio de su padre y fue a la Escuela donde duró nada más que dos años. Era los Estudios de San Isidro, y los jesuítas que lo regentaban le dijeron a sus padres que podían llevarse a su hijo porque no podían hacer carrera de él. Al muchacho sólo le gustaba andar jugando a los juegos de su época en la calle, formando bandas con otros mozalbetes de su edad. tirando piedras y sobre todo pelear. Su agresividad era ya notable. Mala escuela era ésta de andar en pandillas, recorriendo las calles y haciendo el golfo. Pronto las piedras y palos utilizados en las riñas, fueron substituídas por las navajas cachiqueras o albaceteñas. Habían hecho un coto de caza que llamaban “Las Vistillas”, lugar de los barrios bajos de Madrid donde se daban cita los majos, jaques y gente de mal vivir. En cierta ocasión, uno de los más fuertes que tenía otra banda, Paco “El Sastre” le retó a duelo, cosa que Luis aceptó y tuvo tanto acierto o buena fortuna que le hizo un “chirlo” en la cara a su oponente, con lo que quedó zanjada la cuestión y Luis triunfador. Cosa notable, andando el tiempo, aquel rival al que cortó sería uno de sus mejores amigos y ascendido a la categoría de lugarteniente de Candelas, su hombre de confianza cuando tuvo su propia banda bien organizada.

Huérfano de padre, la madre se tuvo que poner a trabajar y sin el freno que para Luis constituía su padre, se dedicó de lleno a la “profesión” para la que había ido a la escuela callejera, la de ladrón. Con rara habilidad escapaba a la justicia, hasta que un día, a los 16 años, allá por el año 1827, fue a parar a la Cárcel de Villa, conocida como “El Saladero” (porque lo había sido de tocino), situada por aquel entonces en la calle de Santa Bárbara, al final de la calle de Hortaleza. Años más tarde aún se cantaría aquello de: “A la Cárcel de Villa Hoy me van a encerrar Por haber cometido El delito de amar” Amar al bolsillo del prójimo. Sin embargo, poco después se dedicó a una profesión más normal.

Su madre le consiguió un empleo como agente del Fisco, de matutero…Los historiadores de Candelas no se han dado quizás cuenta de la contradicción que supone el Fisco con matutero. Si era Agente del Fisco era una profesión “honorable” que tenía por objeto vigilar q ue nadie entrase mercancías o género sin pagar. Era por tanto el que defendía el patrimonio real y todo lo que le pertenece a éste. Desde antiguo las penas y condenaciones pecuniarias a quienes querían pasar mercancías de contrabando, es decir “de matute” que eran precisamente los matuteros, se llevaban en espuertas de esparto o cesto de mimbre a las que llamaban “fiscos”. Fisco era por tanto el erario público que pertenecía antiguamente al Rey. Es decir a Luis Candelas le había proporcionado su madre un trabajo que tenía por objeto fiscalizar e imponer penas pecuniarias a los matuteros o gente que quería pasar géneros o mercancías por “alto” es decir sin pagar impuestos o sea defraudando al Fisco. Por lo tanto no era un matutero sino todo lo contrario. Aquel que fue ladrón podía ser un buen policía. Este trabajo le permitía viajar a diversas provincias de España, como La Coruña, Alicante y por su excelente trabajo fue felicitado por sus superiores.

Pero uno de los problemas que le perseguiría el resto de su vida, “un escándalo por asunto de faldas” le obligó a renunciar a su empleo. No había sido ésta su primera aventura amorosa. No había mujer que se le resistiera. Y va de una a otra, algunas famosas como Lola “La Naranjera” que era amante del propio Rey Fernando VII. Y también lo fue de Candelas. No tenía empacho de vivir a costa de las mujeres que pagaban generosamente y contentas todos sus caprichos. Pero algo debió sucederle más importante que lo demás ya que por un tiempo se tomó en serio unos amoríos que le hizo caer en el matrimonio. La “afortunada” era una viuda de 23 años que también tenía cuentas con la justicia y había pasado por la cárcel de Quiñones (cárcel de mujeres) en más de una ocasión. La boda tuvo lugar el día lunes de Carnaval de 1827 y se celebró en la Parroquia de San Cayetano. Durante el viaje de luna de miel le encontramos en Zamora, pero al poco tiempo comprendiendo que no congeniaban, decidieron separarse amistosamente. Ella se quedó en Zamora y él se volvió a Madrid donde estaba dispuesto a desarrollar sus habilidades. No había nacido para una vida tranquila, monótona. Era un hombre de acción, de aventura, de correr riesgos, siempre entre emociones.

Aún se conserva la ficha judicial con la que ingresó en la cárcel. Dice así:

“Filiación: nº 427
Nombre y apellido: Luis Candelas Cajigal
Apodos o remoquetes: se ignora
Naturaleza: Madrid
Edad: 21 años
Estado: casado
Profesión u oficio: Cesante en el ramo de Contribuciones.
Clasificación: ladrón (espadista y tomador del dos)
Condenas sufridas: ninguna
Estancia en cárceles u hospitales: ninguna
Señas personales:
Estatura: regular
Pelo: negro (sin redecilla)
Ojos: al pelo
Nariz: regular
Boca: grande y prominente de mandíbula
Dientes: iguales y blancos
Otras señas particulares: no usa bigote ni perilla
Color del rostro: quebrado
Complexión: recia Bien formado en todas sus partes

A su regreso de Zamora, se instala en Madrid y en podo tiempo se hace el amo en su “oficio”. Ya no son pequeñas raterías las que comete sino que emprende golpes que le dejan dinero y joyas en abundancia-. Se le ha llamado “innovador” en la técnica del robo. Su lema es “no herir ni matar a nadie”. Es un ladrón que utiliza su inteligencia natural para conseguir lo que quiere. Nada de navajas, nada de brutalidad. Sólo finura y habilidad. Pero necesita gente que le apoye y va seleccionando a viejos amigos y aún a antiguos enemigos como “Paco el Sastre” en quien reconoce buenas cualidades para apropiarse de lo ajeno. Y así se va haciendo poco a poco con una banda de su confianza y la más temible que haya pisado Madrid. El sólo era el dueño y señor y con sus dotes de mando impone sus condiciones: La primera es no herir ni matar a nadie. Todo debe hacerse en el robo con firmeza y gracia, “con estilo”.

La banda está compuesta por tres lugartenientes, “Paco el Sastre”, Francisco Villena y Mariano Balseiro, ambos de instintos feroces, pero sujetos a las órdenes de Candelas sabían que no podían separarse ni un ápice de las reglas por él establecidas. Los tres son fuertes, pero distintos. Balseiro es de estatura elevada, fuerte, de rostro inteligente, muy aficionado a las mujeres con las que tiene tales consideraciones que nadie hubiera podido sospechar su “oficio”.
El resto de la banda está compuesto por: Leandro Postigo Juan Mérida José Sánchez (a) “el del peso” Pablo Maestre Pablo Luengo “El Mañas” y Los Hermanos Cusó (Antonio y Ramón) Todos son valientes y adoran a su jefe.

El punto de reunión para tramar sus fechorías (aunque diversificaban estos lugares, era “La Taberna del Cuclillo” en la calle Imperial, muy cerca de los soportales de la Plaza Mayor madrileña, muy cerca también de la Cárcel de Corte donde hoy existe un famoso restaurante llamado en su recuerdo “Las Cuevas de Luis Candelas”. Tenía este lugar la ventaja de disponer de una rápida escapatoria, por una puerta posterior. El dueño del Mesón cuyo nombre recibía el negocio era apodado “El Cuclillo”, era cojo lo que le producía una marcha bamboleante y además tuerto, con la piel de color aceituna.

“El Cuclillo” había tenido una vida aventurera. De joven se había ido a París, entre otros lugares, pero por cierta fechoría que cometió, la Policía le encerró con cadenas para que no se escapase. Pero una noche, con maña y fuerza, se quitó los grilletes de las muñecas y como le costase más trabajo el que llevaba en el pie, tiró con tal fuerza que se hizo una profunda herida, resultado de lo cual le vino la cojera. Pero consiguió escapar de la prisión. De París se trajo a una joven que murió después, de parto, dejándole una niña que creció en aquel ambiente taberneril. “El Cuclillo” hacía lo que Candelas le pedía, pero sobre todo despistar a los inoportunos policías y esconder a la banda avisando con tiempo. Además tenía excelentes relaciones con las autoridades a muchos de los cuales tenía la boca tapada con regalos que periódicamente les hacía. El astuto “Cuclillo” recibía por estos servicios una parte reservada para él en cada golpe que daba la banda.

Otros lugares o puntos de reunión que pudieron ser determinados en su época eran “La Taberna de Jerónimo Morco” cuñado de Balseiro en la calle de Mesón de Paredes, “La Taberna de la Paloma” en la calle de Preciados, la de “Traganiños” en la calle de los Leones junto a la calle de Jacometrezo y la taberna de “El Tío Macaco” en la calle del Avapiés. Todas ofrecían el mejor servicio a la banda, buen vino, buenas “cantaoras”, buen refugio y buenas hembras con quien pasar una noche de juerga.

En torno a la vida y hazañas de Luis Candelas hay mucho de legendario. Como siempre ocurre con estos casos en los que la fama camina por el pueblo, se inventan muchas aventuras. Por el ejemplo, el de una galería subterránea o pasadizo secreto que le permitía escapar de la taberna del “Cuclillo” y salir por la Fuente de la Cruz Verde en la calle de Segovia. El pueblo de Madrid ha sido siempre dado a mitificar a sus héroes románticos, y éste lo era, pero también era temido Luis Candelas Cajigal. A veces Candelas desaparecía misteriosamente después de haber dado algún buen golpe, e incluso los hombres de su banda no tenían idea de donde se escondía. Pero es que el astuto bandido se había organizado una doble vida, una doble personalidad. En sus a veces largas ausencias se convertía en un perfecto caballero elegante y refinado. Porque a Luis Candelas le gustaba la elegancia y la riqueza que sus medios ilícitos le proporcionaban. Y así, aparece completamente transformado en los paseos del Salón del Prado o en las plateas del Teatro de la Zarzuela, vestido a la última moda que le proporciona el mejor y más caro sastre de Madrid, el conocido Utrilla. Tenía un seguro refugio para este nuevo personaje en la calle de Tudescos en el centro de Madrid, atendido por un criado de toda su confianza, Román, y donde dispone de todo lo necesario para transformarse, maquillarse, cambiar de ropa y de cara, porque Candelas era un experto en el transformismo. Y para completar la transfomación se había hecho unas tarjetas de visita con esta nueva personalidad que decían así: Luis Alvarez de Cobos Hacendista en el Perú Así justificaba su fortuna como procedente del Perú.

Como Luis Candelas, había sido detenido varias veces y conducido al “Saladero”, pero en ocasiones con dádivas compraba a los carceleros y en otras, con su simple habilidad, lograba escapar. Durante una de estas ocasionales estancias, coincidió con una de las epidemiasa de cólera que azotaban Madrid. Candelas cayó postrado por una elevada fiebre. Los carceleros se asustaron y le llevaron a la enfermería. La fiebre le duró el tiempo de escapar de allí. La fiebre era ficticia, uno más de sus trucos. En una de estas estancias en la cárcel trabó amistad con un preso político que sería famoso en España, Don Salustiano de Olózaga, al que consiguió ayudar a fugarse por lo que el político le quedó siempre muy agradecido. Al llegar a la puerta principal durante su fuga, dispuesto a todo, pronunció aquellas palabras que han quedado para la posteridad: “Onzas o muerte reparto”. Y al mismo tiempo llevaba en una mano una bolsa de monedas de oro y en la otra un puñal. Como fue gracias a Luis que pudo escapar no lo olvidó nunca y cuando Candelas poco después escapó también, ambos se encontraron y Olózaga le ofreció entrar en la masonería. “Y así se inició en la Logia Libertad nº 6 que tenía su sede en la “Plazuela del Biombo”1. Su nombre simbólico fue “Temístocles” (a pesar de todo cuando llegó el momento, la condición de masón no le sirvió para evitar el patíbulo).

“Fantasía”

Célebre bandolero andaluz del siglo pasado, que murió asesinado por un compañero suyo.

En la inscripción borrosa que figura en el frontal del cráneo puede leerse, escrito con mala ortografía, la siguiente reseña: “Fantasía, ladrón anadaluz, asesinado por Pinchauvas en el camino de Sebilla a Huerva”

El “Pinchauvas”, según una tradición bastante extendida por Andalucía, fue otro bandido, compañero de “Fantasía” al que traicionó.

Según parece, las autoridades alarmadas por las reiteradas fechorías de ambos bandoleros y, ante la imposibilidad de prenderlos, pusieron precio a sus cabezas.

El “Pinchauvas”, para salvar la suya, ofreció entregar a su compañero. Una vez pactado el acuerdo, muy característico de aquellos tiempos, El “Pinchauvas” aprovechó la ocasión en que “Fantasía” se hallaba dormido para asesinarle y, una vez muerto, lo entregó a las autoridades.

Francisco Ríos González “El Pernales” (1879-1907)

Francisco Ríos González “El Pernales” nació el 23 de julio de 1879 en Estepa (Sevilla). Sobrino de otro bandido andaluz “El Soniche”, le superaría en fama.

No recibió educación alguna y se dedicó con su padre al oficio de cabrero. Con su padre cometió varios robos. En uno de ellos la Guardia Civil los sorprendió y el Sargento Padilla de un culatazo mató al padre. El muchacho emprendió decidido el camino de la delincuencia, uniéndose a la partida de su tío “El Soniche”, demostrando una extrema crueldad en sus acciones.

A pesar de todo se casó por la Iglesia con María de las Nieves Caballero en 1901. Continuó robando y gastando el dinero en las tabernas. Tuvieron dos hijas a las que maltrataba cruelmente. Su mujer, harta de sus malos tratos le abandonó con sus hijas. Francisco se queda sólo y muy a gusto. Los vecinos le odiaban y le evitaban.

El mote de Pernales parece proceder de “pedernales” por la dureza de su carácter. Organizó su propia partida con dos malhechores, entrando en un cortijo robando al dueño y violando los tres a su mujer. Tuvieron varios encuentros con la Guardia Civil, pero siempre lograban escapar. Siguieron los robos.

En cierta ocasión un tabernero les dio un arroz con arsénico. Murieron su tío y el compañero. Él logró salvarse, regresando y matando al tabernero acuchillándole lentamente hasta que se desangró y murió. Pernales no tenía piedad con quien le traicionaba como demostró muchas veces a lo largo de su vida de criminal.

Su fama se extendió no sólo por Andalucía sino llegó hasta Madrid. Intentó huir a América con su nueva amante con la que tuvo una hija, pero no lo consiguió.

Durante años la Guardia Civil le acosó continuamente hasta que el trágico 31 de agosto de 1907, cuando tenía 28 años, en las Lomas de Villaverde, Sierra de Alcaraz, fue sorprendido por el Teniente Haro y sus hombres mientras comía en un olivar con un compañero de su partida y tras un tiroteo por ambas partes cayeron los dos bandidos muertos a tiros.

Joaquín Camargo Gómez “El Vivillo” (1866-1929)

Se le puede calificar de “singular y pintoresco personaje” que alcanzó gran popularidad en España a principios de siglo. Tuvo la habilidad de sortear a la justicia durante toda su vida, de ahí su apodo, y nunca consiguieron encontrar pruebas de que fuera un bandido y menos un asesino. Sin embargo él reconoció públicamente que fue contrabandista, ladrón, cuatrero, salteador de caminos y secuestrador. Un pícaro y un tipo único entre los delincuentes, perseguido siempre por la Guardia Civil, encerrado en la cárcel varias veces, pero jamás tuvo una condena a pesar de que jueces y fiscales estaban convencidos de su culpabilidad en repetidas ocasiones.

Nació en Estepa el 4 de marzo de 1866, de padres labradores, décimo de 16 hermanos, fue a la escuela hasta los 10 años. Rebelde y travieso, de inteligencia despierta. Cuando muere su madre y su padre se vuelve a casar, huye de su madrastra. Algo le empujaba a una vida de aventuras. Desde los 17 años anda siempre en amoríos.

Cuando muere su padre, se hace cargo con su hermano mayor de la casa, echa a su madrastra de la casa y se dedica a trabajar el campo, pero pronto ve que aquella no es su vocación. Se dedica a traficar con objetos que compra y vende, se hace experto en caballos con los que trafica. Organiza su propia partida de bandoleros. Se van a Gibraltar y con otro amigo se hacen contrabandistas, pasando por la noche fardos de tabaco que venden en Algeciras ganando con ello buenos dineros, que pronto dilapida en vino, mujeres y juego. Se casa con una guapa moza, Dolores JimŽnez, con la que tuvo cinco hijos. Cuando se ve muy acosado por la Guardia Civil se marcha a Orán donde se establece como comerciante. Mientras tanto en la Península, otros cometen atracos que le achacan a él.

En Orán tiene problemas con algunos moros y decide marchar a Argentina y cambiar de nombre. Allí se establece y hace amigos. Lleva consigo a la familia, pero un amigo le denuncia a las autoridades españolas que consiguen su extradición. Es juzgado por una docena de delitos, pero sale absuelto de todo por falta de pruebas. Regresa a Estepa donde es recibido como un héroe

Luego se va a Madrid donde un periodista le ayuda a escribir sus memorias que tienen un gran éxito de venta, pero aquel ambiente no le convence y decide regresar a Argentina con toda su familia. Pasan unos años dedicado a sus negocios, pero al morir su esposa Dolores, sufre una fuerte depresión y después de un cierto tiempo de vivir sólo (sus hijos han hecho sus familias y no quiere vivir con ellos), el 17 de julio de 1929, decide poner fin a su vida tomándose una fuerte dosis de cianuro potásico.

Tenía 64 años. La noticia de su muerte llegó a España, pero su fama ya había pasado y sólo mereció una breve nota en los periódicos. “El Vivillo” era ya historia pasada.

Santiago Sanjosé Pardo “El Legionario”

Autor de los tres crímenes (uno frustrado) del Mesón del “Lobo Feroz” de la calle de Lucientes de Madrid.

Me fueron remitidos dos cadáveres de mujeres al Laboratorio de Antropología Forense de la Escuela de Medicina Legal de Madrid, en los que pude determinar edad, sexo, estatura, raza, data de la muerte, lesiones causales de la muerte por arma blanca y un perfil psicológico del posible asesino cuyas características eran: complejo de Edipo no resuelto, odio a la madre, alcoholismo, sadismo, ensañamiento, un modus operandi similar en todos los casos, su objetivo era matar prostitutas, impotencia sexual, entrenamiento militar previo. Hallé pistas eminentemente policiales aparte de las antropológico-forenses que llevaron a su detención.

Interrogado, confesó sus crímenes, alegrándose de haber sido detenido, pues de no hacerlo “hubiera seguido matando”. En el informe anoté detalles como el haber sido asesinadas las dos mujeres vestidas de cintura hacia arriba y desnudas de cintura para abajo, determiné la fauna cadavérica entomológica, en una propia del verano y en la otra de comienzos de invierno. La fuerza con que fueron dadas las puñaladas y el molde dejado por el cuchillo que atravesó el hemitórax izquierdo a la altura del corazón saliendo por detrás del omoplato en los dos casos (de los típicos de cortar jamón en los restaurantes) me permitió determinar que era de un solo filo, así como la longitud (25 cm de largo de hoja) y su anchura.

Fue juzgado y condenado a 75 años de prisión.

Francisco García Escalero “El Escalero”

Francisco García Escalero “El Escalero” o “El mendigo asesino” es otro de los asesinos en serie españoles de los últimos tiempos.

Mendigo de profesión, sin domicilio fijo. Confesó ser el autor de un total de 15 crímenes cometidos en los últimos años.

Sus víctimas eran mendigos de ambos sexos, preferentemente varones. Enfermo mental se dedicaba a pedir limosna en la puerta de las Iglesias. Había sido detenido varias veces por violador de tumbas, necrófilo, sorprendido varias veces durmiendo en los crematorios del mismo cementerio. Alcohólico inveterado, se bebía dos litros de vino y tomaba alguna pastilla de soporífero, lo que en sus propias palabras “le daba una enorme fuerza interior que le obligaba a matar”.

Decapitaba a sus víctimas después de matarlas golpeándoles la cabeza con una piedra u otro objeto contundente y las arrojaba a un pozo. A otras las abría en canal con su navaja, les arrancaba el corazón y comía una parte de él. La mayoría de las veces rociaba el cadáver con gasolina u otros combustibles. Ha intentado suicidarse en varias ocasiones sin conseguirlo.

Tiene una extraordinaria memoria fotográfica, particularidad también observada en otros asesinos en serie como Henry Lee Lucas o Ted Bundy.

Diagnosticado de débil mental superior, con “genuina esquizofrenia, alcoholismo crónico secundario, posible injerto psicótico, toxicomanía a las Benzodiazepinas, perversión sexual múltiple, bisexual, necrófilo y caníbal”. Tiene ceguera en el ojo derecho por accidente sufrido en la infancia. Actualmente se encuentra recluído en el manicomio de Font Calent (Alicante).

El Dr. Reverte tuvo que intervenir en varios de sus crímenes y en el último especialmente para confirmar que la víctima era un homosexual fugado del Hospital Psiquiátrico Provincial.

José Antonio Rodríguez Vega “El Albañil”

Historial (1971): Se dedicó a asesinar en Santander, donde trabajaba como albañil, a mujeres ancianas viudas en su mayoría, de 70-90 años. Se le probaron 16 asesinatos además de agresiones sexuales y abusos deshonestos. Diagnosticado como “psicópata desalmado, frío e inmaduro, sádico, con perversiones sexuales múltiples, fetichista, necrófilo, con trastorno neurótico de la personalidad y embotamiento afectivo, inteligencia normal-alta”. Odiaba a su madre. Era agresivo y violento desde niño y adolescente. Guardaba pequeños trofeos de sus víctimas.

Fué considerado plenamente responsable de sus actos y condenado en diciembre de 1991 a 440 años de prisión.

Diego Corrientes

En elaboración

Older posts

© 2016 Museo Reverte Coma

Theme by Anders NorenUp ↑