Entre las numerosas parafilias se estudian el sadismo y el masoquismo. No hay sadismo sin masoquismo y viceversa, como decía STEKEL. Sadismo y masoquismo aparecen muy a menudo reunidos en una misma persona. Se trata de neurosis obsesivas.

El sadismo es la excitación sexual provocada por padecimiento físico o dolores morales y obtenida deliberadamente por medio de lesiones personales, injuriosas o amenazas (sadismo verbal). No debe confundirse con la crueldad aunque ésta en ocasiones vaya seguida secundariamente de estímulos tumescentes, no buscados de propósito. El sadismo exige la deliberación sexual. Existe el placer de la crueldad sin que sea sadismo. La fría crueldad de los niños con los animales no es sadismo. El sadismo puede combinarse con canibalismo.

Deriva el nombre de sadismo del nombre del escritor francés Marqués de Sade, coetáneo de la Revolución francesa, autor de obras como “Justine” o “Las 120 jornadas de Sodoma” en las que describe la perversidad de su propia conducta. Pasó 33 años en la cárcel y acabó volviéndose loco. Probablemente lo estuvo siempre.

Llámase algolagnia activa a la voluptuosidad experimentada por el dolor. Se trata de los que provocan voluntariamente en sí mismos (algolagnia pasiva) o mediante tercera persona, o en otros (algolagnia activa) sensaciones dolorosas como estímulo libidinógeno (patofilia, sadismo, masoquismo). Muchos asesinos son sádicos, es decir se excitan sexualmente al herir o matar a sus víctimas.

Se ha definido también como “perversión sexual en la que se inflinge o se sufre (sadismo o masoquismo) dolor”. El sadismo se complica con frecuencia con otras desviaciones como la necrofilia (necro-sadismo), la bestialidad o el sado-fetichismo. El masoquismo o algolagnia pasiva, es la excitación de la libidine en la víctima (voluntaria por lo general) mediante fustigación, ahorcamiento simulado, heridas y malos tratos, sevicias, aunque sólo sean verbales (masoquismo simbólico).

SACHER MASOCH, a quien debe el nombre esta desviación sexual, fué un literato austriaco cuyo apellido dió origen al término de masoquismo. En realidad dicho autor describió las notas principales de la algolagnia pasiva simbólica en su famoso libro “La Venus de las Pieles” cuyo protagonista es una mujer llamada Wanda. Leopoldo de Sacher Masoch n. en Lemberg (1835) y m. en Lindheim (1885). Publicó numerosas obras en su patria y en París. Sus novelas provocaron escándalos por su carácter sexual sucubista. Después de su muerte algunas fueron publicadas por su esposa, Aurora de Reömelin, que utilizaba el seudónimo de Wanda Dunajew, nombre que Masoch le había atribuído en el más célebre de sus relatos “Die Damen in Pelz” (La Venus de las Pieles), narración autobiográfica.

“El masoquismo es una anomalía de la emotividad, consistente en la búsqueda de sufrimientos, reales o imaginarios, bien para facilitar o excitar el placer sexual, bien para constituir un equivalente de las excitaciones sexuales que provocan el orgasmo”, decía Stekel.

“Los dolores no son más que el símbolo de la sumisión” según interpretaba el gran sexólogo KRAFT-EBING.

Cuando hombres brutales pegan a sus mujeres y éstas, aguantan por amor los golpes, sin encontrar en esto ningún placer, se trata de una forma de servidumbre que se parece al masoquismo, pero que no lo es en realidad, sino más bien un estado pasivo.

El flagelantismo está relacionado con el hecho de que la piel es “el único gran órgano erótico”, al decir de BLOCH. En algunas grandes ciudades existen los llamados “cuartos de tortura” para pervertidos (desviados sexuales). El aparato llamado por el nombre de su autor Berkley, sirve para ser atado el masoquista y luego flagelado. Las llamadas “masajistas severas” son personas que utilizan estos sistemas para excitar sexualmente a sus clientes.

No hay que confundir flagelantismo con la severa disciplina para consigo mismo a través del dolor físico que algunas personas practican para conseguir la perfección con una finalidad religiosa o deportiva.

La flagelación del pene con ortigas se utilizaba mucho en el s. XVII y ponía el miembro rígido como un cuerno. Hay personas a las que los latigazos producen orgasmos.

En los animales existe también el masoquismo. Los caballos, con frecuencia, cuando se ponen al lado de una hembra en celo sólo tienen reacción y la montan si se les fustiga o simplemente oyen el ruido de la fusta. Los campesinos ayudan con gritos y amenazas a la monta de los animales. El colmo del masoquismo es el de la Mantis religiosa, un insecto que devora al macho después de haberla cubierto o el de algunas arañas que devoran al macho en pleno acto sexual cosa que éste soporta porque es incapaz de separarse de ella.

Muchos masoquismos proceden de las palizas, flagelaciones, sevicias, correazos, zapatillazos o insultos verbales que ciertos padres sin educación ni conocimiento, propinan a sus hijos como castigo ante cualquier falta y algunos maestros que realmente son verdaderos sádicos cuando propinan castigos corporales a sus alumnos. Lo que al principio produce dolor se acaba convirtiendo en placer sexual y resentimiento (algolagnia pasiva). Con los años irán desarrollando estas desviaciones sexuales cuyo origen se remonta a aquellos castigos físicos o verbales sufridos en la infancia. Muchos se convierten en homosexuales por haberles dado azotes en las nalgas cuando niños.

Con frecuencia les basta imaginarse la flagelación, la paliza o los insultos (fantasías eróticas) para excitarse sexualmente. Pero el flagelantismo puede comenzar a edad avanzada.

Los indios chocóes con los que trabajé mucho durante mis estudios antropológicos en Darién, se excitan sexualmente en el matrimonio con respectivas acciones sadomasoquistas. Ella le clava las uñas al marido en el mentón hasta hacerle sangre y él le da a ella unos fuertes y dolorosos pellizcos en las caderas que le producen moraduras (hematomas). Basta ver a una pareja con estos estigmas para pensar: “¡Qué enamorados están!”.

Entre muchas tribus africanas se acostumbra a producir dolorosos tatuajes en relieve, queloideos, en las nalgas y bajo vientre de la mujer, que son indispensables para producir excitación sexual en el varón. Poca oportunidad tendrá una mujer de encontrar marido si no lleva al matrimonio tales tatuajes.

El mordisco ha sido utilizado como manifestación sádica por parte de quien lo da y masoquista por quien lo recibe con placer. Los libros hindúes señalan siete clases de mordiscos voluptuosos.

Es antigua costumbre en la Isla de Borneo y otras de Malasia e Indonesia que el varón atraviese su glande con una varilla metálica llamada kalang rematada por dos botones metálicos. De estas manera practica el coito cosa que sus mujeres parecen agradecer bastante, pues incluso les regalan a ellos algún kalang de repuesto de vez en cuando.

Es frecuente entre masoquistas la práctica del “equus eroticus”. Consiste en poner bridas al sujeto como si se tratase de un caballo o de una mula, colocándose a cuatro patas. El compañero o compañera monta sobre sus espaldas en esta posición y le fustiga con un látigo. Se atribuye al sabio griego ARISTOTELES esta perversión. Se cuenta que la hetaira Filis castigaba así al estagirita para excitarle sexualmente.

Por eso algunos psicólogos recomiendan que los niños no monten en las espaldas de otras personas para no fijar en ellos fantasías eróticas que lleguen a convertirlos en desviados sexuales.

El ceñimiento consiste en atar a una persona con lazos y cuerdas y dejarla en un cuarto obscuro que simula ser una prisión.

El ahorcamiento fingido provoca erección y orgasmo. Es sabido en Medicina Legal que los que se suicidan por ahorcamiento sufren un orgasmo en el momento que precede a la muerte o se orinan, como se ha comprobado por la presencia de esperma o de orina en su ropa interior. Ha habido casos de niños que se han ahorcado de verdad pretendiendo hacerlo en broma.

Cuentan los anales de la Medicina Legal el caso de una mujer que se luxaba intencionadamente el brazo para experimentar la sensación voluptuosa de una reducción sin narcosis.

Las autolesiones son frecuentes en desviados sexuales masoquistas, especialmente en las cárceles. Se producen cortes en la piel que sangra por diversos lugares del cuerpo. Por ello el perito médico-legista debe ser muy cuidadoso a la hora de distinguir si tales lesiones son autoinflingidas o no.

Otros sadomasoquistas se introducen objetos o cuerpos extraños muy variados en el recto, vagina y uretra, pero de los casos más notables que he visto fué la extracción quirúrgica que hubo que hacerle a un homosexual que se introdujo él mismo una linterna eléctrica en el intestino.

La exposición al frío intenso es utilizada por algunos masoquistas para provocar excitación sexual.

Existe también el picacismo o pica, que es la perversión del gusto, que impulsa a ingerir substancias repugnantes o simplemente no alimenticias, el olfateo de olores fétidos, el paladear sangre menstrual, esperma o heces de otra persona o de sí mismo, cosa que en forma casi normal hacen los niños de pecho que juegan con sus excrementos y se los llevan a la boca (coprofagia).

Hay quienes para excitarse sexualmente necesitan que una prostituta se orine o defeque encima de ellos, en su boca o sobre su abdomen para exitarse sexualmente. Se trata de auténticos enfermos mentales. La unción de crema de zapatos fué utilizada en algún caso con los mismos fines. La secta de los gnósticos deglutía con veneración esperma y sangre menstrual.

Con frecuencia se asocian la algolagnia activa o sadismo y la pasiva o masoquismo con el fetichismo y otras desviaciones sexuales como el narcisismo o el trasvestismo.

Algunos casos constituyen verdaderos problemas médicolegales como el ahorcamiento masoquista o los golpes recibidos por la esposa o malos tratos físicos y verbales que no sólo no rechaza, sino que son deseados y provocados por la propia víctima a la que producen gran satisfacción. Para algunas mujeres esto significa que son “fuertemente amadas”.

El sucubismo es la renuncia a la propia personalidad, a la propia individualidad, tal es el caso de las pobres infelices que trabajan para los “macarras” a las que éstos obligan a prostituirse y entregarles lo que cobran a sus clientes. A veces son los propios padres los que prostituyen a sus hijas por razones económicas. El sometimiento a las vejaciones de la pareja se presenta tanto en hombres como en mujeres. El sucubismo puede asociarse con el inspeccionismo.

Todas estas desviaciones sexuales y otras muchas más están íntimamente relacionadas con el mundo del crimen.