Existe actualmente en muchos países, especialmente en Estados Unidos un movimiento entre muchos especialistas médicos que tratan de dar entidad clínica al que se viene llamando hace tiempo “Síndrome de fatiga crónica” (en inglés Chronic Fatigue Syndrome, SFC), caracterizado por un estado general de cansancio o astenia, tanto mental como físico y diversos trastornos neurológicos, que comienza por un estado aparentemente gripal e inflamación faríngea en un ambiente previo de stress. Sigue una polimorfa sintomatología caracterizada por cefaleas, disminución de la memoria y un cierto estado de confusión mental, dolores musculares y articulares sin aparentes signos de inflamación, trastornos gastrointestinales y del sueño, así como variaciones de la temperatura corporal. Todo ello se acompaña por una disminución de las defensas inmunológicas. Se le ha considerado por algunos autores como similar al síndrome producido por el virus de Epstein-Barr.

Varía esta sintomatología en su presentación, no siendo siempre tan florida, y presentando varios grados de intensidad, probablemente dependiendo de factores individuales.

El paciente por lo general queda en un estado que no le permite realizar una vida activa y normal.

ETIOLOGIA

No se ha podido determinar la existencia de un posible agente causal, habiendo sido atribuído al virus de Epstein-Barr que ya se sabía que produce una encefalopatía, pero se ha desechado esta hipótesis. Otros creen que el responsable es el virus HHV-6 del herpes, un enterovirus, un retrovirus u otro virus desconocido, toxinas o agentes de la contaminación atmosférica y por supuesto que ha de existir una predisposición genética.

Otros autores consideran que se trata de un trastorno del eje hipotalámico-pituitario-suprarrenal que es el que controla la respuesta al stress y otras muchas funciones corporales.

Lo más probable es que se trate de un conjunto de factores asociados, aunque por el momento sólo se trata de hipótesis. Por los síntomas que presentaban algunos soldados de los que participaron en la Guerra del Golfo Pérsico (Gulf War Syndrome) y por la depresión que acompañaba a estos enfermos (cuadro depresivo o de ansiedad) muchos lo han incluído en el cajón de sastre de las “depresiones”.

También se ha confundido con la fibromialgia y se le ha etiquetado a veces como encéfalomielitis miálgica. Algunos autores han querido reubatizarlo con el nombre de “Síndrome de Nightingale” en honor de la fundadora de la Cruz Roja internacional quien padeció toda su vida una enfermedad fatigante crónica lo que no le impidió sin embargo con un soberano esfuerzo llevar a cabo sus múltiples actividades.

Lo cierto es que el stress parece intervenir como factor desencadenante o al menos predisponente abonando el campo para su aparición. Factores como la edad, el sexo (las mujeres sufren este síndrome en proporción del 70-80%) y el debilitamiento producido por alguna enfermedad anterior o una intervención quirúrgica, han sido invocados para justificar la aparición de este “Síndrome de Fatiga Crónica”. La afectación del sistema inmunológico ha hecho sospechar que tuviera alguna relación con el SIDA.

La duración de la enfermedad, considerada como entidad propia, puede variar de uno a varios años o hacerse permanente, puede tener periodos alternantes (ciclicidad) con picos o exacerbaciones y periodos de remisión y según los que han seguido de cerca a estos pacientes, llega a curarse espontáneamente si otra enfermedad intercurrente no se interpone. Este es el caso de la depresión verdadera que se instala en esta clase de enfermos al ver disminuída su actividad vital, social, educativa, ocupacional y personal, siendo entonces la depresión, no el agente causal sino la consecuencia del SCF.

TRATAMIENTO

Al desconocerse en agente causal, no existe un tratamiento específico. Sin embargo, existen una serie de formas de atender estos casos, comenzando por la más importante que es eliminar el stress, ya que se ha comprobado que la enfermedad se agrava con el mismo. El descanso es algo fundamental para la mejoría de estos pacientes.

Esta clase de enfermos son muy sensibles a toda clase de medicamentos. Mejoran con pequeñas dosis de inhibidores de la serotonina (Prozac, Paxil, Zaloft) y dosis también pequeñas de antidepresivos tricíclicos (Doxepín, Amitriptiline) que mejoran la calidad del sueño así como los dolores musculares y articulares. También se benefician con antiinflamatorios no esteroides como Naproxen que disminuye las cefaleas.

Los coadyuvantes como dieta, refuerzos vitamínicos (especialmente el complejo B y en especial la vitamina B12), acupuntura y masajes (por sus efectos beneficiosos sobre la circulación) y el ejercicio físico moderado, especialmente el permanecer en el agua dulce temperada aunque sea sin nadar ni exigir esfuerzo al organismo sino simplemente moverse dentro del agua, ayuda al restablecimiento general.

Evitar el alcohol, la cafeína, teobromina y el tabaco es básico también para establecer el tratamiento.

Recientemente y con objeto de ayudar a estos enfermos el Dr. Roger Burns y sus colaboradores han creado un grupo de estudio sobre los afectados por este síndrome (Internet CFS Group) que coordina los progresos en el mejor conocimiento de la enfermedad.

Numerosos médicos y biólogos, por su parte realizan investigaciones en diversas direcciones, por ejemplo: M. Demitrack de la Universidad de Michigan y S. Strauss estudian la disfunción del eje hipotalámico-pituitario-suprarrenal; A. Komaroff de Harvard y D. Ablashi de Georgetown investigan el posible papel que pueden desempeñar los virus HHV-6 (del herpes) y el EBV (Epstein-Barr virus). W.J.Martin de la Universidad del S.O. de California investiga sobre el “Stealth virus” como posible agente causal y los Drs. N.Klimas, R. Patarca de la Universidad de Miami y J. Levy del UCSF, están investigando las anomalías inmunológicas que se presentan en este síndrome así como su posible contagiosidad.

Recientemente han aparecido una serie de artículos en Revistas médicas como Ann.Int.Med 116:103-112 de febrero de 1992 donde Buchwald y col. estudian este Síndrome de Fatiga Crónica. También es importante el trabajo de S. Strauss y col. en el J.of Clin. Inmunol. de enero de 1993 (13:30-40), el de K.Fukuda y colaboradores que publicaron el año pasado de 1994 un estudio muy completo sobre el CFS (Ann.Int.Med 121: 953-959).

También merece la pena leer los trabajos de Blonde-Hill dedicado al tratamiento de esta enfermedad en la revista Drugs de octubre de 1993 (46: 639-651) y el de Goodnick y col. sobre el tratamiento psicotrópico del CFS en el J. of Psychiatry de enero de 1993 (54:13-30).

Complemento para estos estudios es la síntesis publicada en el libro de Dawson y Sabin “Chronic Fatigue Syndrome” en 1993.

El CDC (Centro de control de Enfermedades) de Atlanta Georgia, USA, ha reconocido a la CFS como entidad independiente y actualmente buscan con varios proyectos de investigación el posible agente causal o trastorno de la bioquímica del cerebro responsable de ésta que se incluye entre las “enfermedades emergentes”.

La pregunta que se hacen muchos investigadores es: ¿estamos ante una enfermedad de nueva aparición? Si es así, el clínico tiene que estar ojo avizor ante una sintomatología que por parecerse a otros procesos puede ser confundida con ellos. Como todo diagnóstico precoz, permite un mejor enfoque del tratamiento y el restablecimiento precoz del enfermo. Y si se trata de una proceso ya existente, quiere decir que ahora la Medicina clínica está afinando más en detectar otra de esas que se vienen llamando “enfermedades emergentes”.